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Aproximadamente 35% de la población tiene miedo a viajar en avión, condición que es conocida como aerofobia y se relaciona con experiencias desagradables durante algún vuelo. Este temor se ha agudizado tras los lamentables ataques terroristas a Estados Unidos en Septiembre del 2001, cuando un grupo de terroristas secuestró cuatro aviones comerciales, estrellándolos en diversos puntos de la Unión Americana, matando no sólo a los ocupantes de las aeronaves, sino también, a miles de civiles.

A partir de entonces, la industria aérea se reforzó para evitar ataques subsecuentes, haciendo la aviación más segura que nunca.

Se puede hablar de aerofobia cuando el miedo que manifiesta el paciente a subirse a un avión es descrito como excesivo e irracional, lo que normalmente va acompañado de conductas de evasión (por ejemplo, posponer la reservación o simular olvidos respecto a la organización del viaje) e intensa ansiedad que, en ocasiones, desencadena ataques de pánico.

Lo anterior no sólo se limita exclusivamente al momento del vuelo, ya que el afectado puede exteriorizar las molestias desde que sabe que debe volar, al pedir informes en agencias de viajes, comprar el boleto, hacer el equipaje y documentar las maletas en el aeropuerto.

La angustia e inquietud que se presentan con tanta anticipación son vividas en forma muy desagradable, al grado que el paciente considera todo el proceso del viaje como verdadera tortura.

Origen del Miedo a Volar.
Al viajar en avión se tiene la sensación de estar flotando debido a que la aeronave no está apoyada sobre concreto y esto, aunado al hecho de confiar la vida a otros (pilotos, sobrecargos y personal de aeronavegación), para algunas personas puede resultar escalofriante. Pero este miedo es, la mayoría de las veces, consecuencia de malas experiencias durante un vuelo, entre las que se pueden citar haberse sentido enfermo o discutido con alguno de los acompañantes, que haya corrido el rumor de que en el equipaje iba una bomba o intento de secuestro, entre otras.

Asimismo, el hecho de pensar en las probabilidades de sufrir un accidente hace que cualquier circunstancia, por insignificante que sea, levante sospechas; por ello, los pasajeros que sufren fobia a volar intentan identificar cualquier tipo de ruido “anormal” y tratan de ver en el rostro de los sobrecargos alguna señal de preocupación o intranquilidad. Una vez que se llega al destino queda manifiesto el temor de sufrir contratiempos en los próximos vuelos.

Aunque normalmente existe un hecho que desencadena la angustia, en este caso un vuelo desagradable o problemático, el miedo también puede surgir en personas que nunca antes han viajado en avión, quienes normalmente tienen perfil psicológico caracterizado por inseguridad, nerviosismo, miedo exagerado a estar en un entorno que no es familiar, así como antecedentes personales de otro tipo de fobias, por ejemplo, a permanecer encerrado (claustrofobia) o también al miedo a las alturas. Entonces, sumando todas las fobias, se crea una angustia que parece no tener remedio.

Pensando en el avión de forma racional, no puede dejar de sorprendernos que este medio de transporte, considerado uno de los más seguros, haga temblar a gran número de pasajeros cuando se produce cualquier ruido en su interior sin recordar que está compuesto de innumerables (cada vez menos) elementos mecánicos que necesariamente deben moverse para el buen desarrollo del vuelo (por ejemplo, ruedas que entran y salen, frenos que se activan y desactivan o conductos de aire acondicionado que hacen más confortable el viaje).

Lo mismo sucede cuando percibimos movimientos “extraños”, pero debemos entender que es imposible que un avión mantenga la misma potencia en todas las fases del vuelo: despegue, planeo, aproximación a tierra y aterrizaje. Además, habrá que considerar que el personal terrestre (controladores) velan por nuestra seguridad garantizando la separación correcta entre aeronaves para evitar conflictos, para lo cual en ocasiones solicitan aumento o reducción de velocidad y cambios de rumbo o altura.

En cuanto a los problemas que podrían presentarse a causa del mal tiempo, debe considerarse que a través del radar meteorológico los pilotos detectan si se aproximan a masas de nubes y fenómenos como la lluvia, para lo cual cuentan con dispositivos capaces de evitar dificultades. Además, todo el personal técnico aeronáutico es constantemente capacitado por sus respectivas empresas para mejorar su pericia a la hora de desempeñarse.

¿Cómo enfrentar el problema?
El tratamiento de los pacientes con este tipo de fobia incluye, en general, combinación de terapia psicológica y administración de medicamentos. La primera se compone de las siguientes fases:

  • Relajación muscular general, técnica que consiste en practicar ejercicios de contracción y expansión de las diferentes partes del cuerpo, siempre acompañados de respiraciones profundas y lentas.
  • Hacer una lista de todas las situaciones y objetos que ocasionan ansiedad ordenándolos de menor a mayor grado de molestia.
  • Visualización mental de cada una de las escenas que generan malestar y nerviosismo, comenzando siempre por la que menos ansiedad provoque; conviene dedicarle aproximadamente 10 minutos a cada situación hasta lograr comprender que no hay nada que temer. En estos casos el psicólogo funge como guía y tranquiliza al paciente cuando se altera.
  • Análisis de experiencias de vuelo. Tanto buenas, como malas.

Lo anterior puede complementarse con la administración de medicamentos para controlar la ansiedad, los cuales no deben faltar antes de abordar el avión. Además, es conveniente procurar las siguientes medidas:

  • Evitar que pensamientos negativos invadan la mente, lo cual puede conseguirse al practicar antes y durante el vuelo ejercicios de relajación o alguna actividad recreativa (leer, escribir o escuchar música tranquila).
  • Nunca tratar de averiguar si existe algún problema mediante el análisis de ruidos, velocidad del avión o gesticulaciones de los sobrecargos.
  • Procurar viajar acompañado de amigos o familiares, o bien, charlar con el pasajero de al lado.
  • No consumir bebidas alcohólicas ni fumar antes ni durante el vuelo.

Hay qué tomar en cuenta que el éxito de los tratamientos antes citados es alto siempre y cuando el paciente colabore, pues de esta manera la mayoría de las veces se consigue que el miedo a volar se convierta en todo un placer.

Otro punto importate para destacar, es que el personal que laboramos en las líneas aéreas NO estamos capacitados para suministrar medicamentos en caso de que alguno de nuestros pasajeros tenga un ataque de ansiedad por el miedo a volar o debido a otros factores. Lo único que podemos hacer es dar todo el apoyo sicológico a nuestro pasajero para hacer de su viaje una experiencia llevadera y fácil de manejar.

Estadísticamente, muere más gente en un sólo mes de accidentes automovilísticos, que en cuarenta años de aviación.