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Todos sabemos como es la situación cuando tenemos que hacer un largo viaje en avión. Sentimos cierta ansiedad por las horas que vamos a tener que pasar encima de ése trozo de acero que, aunque es mas pesada que el aire, se eleva por sobre la tierra. Nos preocupa como pasaremos el tiempo, si todo saldrá de forma correcta, si no tendremos demoras, si todos nuestros papeles están en orden y no sucederá ningún tipo de confusión que nos haga la vida más difícil.

Todas estas preocupaciones son comunes y seguramente somos capaces de enfrentarlas y tenemos métodos propios o aprendidos que nos permiten que no nos resulten tan molestas realmente.

Pero hay un punto en particular en los vuelos de muchas horas que parece atraer la atención de la mayor parte de las personas, que es uno de los tantos obstáculos a la hora de disfrutar de un vuelo. Y es que le damos tanta importancia que se hace difícil que lo dejemos de lado. Nos referimos, como ya se habrán dado cuenta, a la comida de avión.

La verdad es que por una cuestión propia de la situación en la que estamos, la comida no es algo que sea tan simple de solucionar. Porque muchas veces el viajar y el comer no se llevan exactamente de la mano, sino que más bien tienden a pelearse entre sí. ¿Cuántas veces nos hemos sentido mal después de comer, si es que estamos viajando, ya sea en un auto o en un avión?

Y es que no es necesario que la comida sea la que nos genere esa molestia, o sea, que no es que la comida de avión sea mala y por eso puede caernos mal, sino que muchas veces es el mismo hecho de comer el que termina afectándonos de forma negativa o nos hace sufrir mas que comer los alimentos.

Igualmente, hay algo que ha estado cambiando últimamente en los vuelos, principalmente en los vuelos más cortos, aquellos que son de tres horas o de menos. Ya la costumbre no es, como solía serlo, dar comidas gratis (o, en realidad, comidas que, de alguna forma y disfrazadas de servicio gratuito, estaban incluidas en el precio, en general bastante elevado, de los pasajes) sino que, en estos casos de viajes cortos, es muy posible que nos encontremos con que no nos sirven nada, a menos que, por supuesto, lo paguemos aparte.

Si el viaje es suficientemente rápido, lo más probable es que ni nos demos cuenta y que la falta de este servicio no sólo no nos afecte, sino que hasta puede ser que lo veamos como algo bueno. Y es que al haber menos servicios, los pasajes tienden a disminuir su valor, muchas veces de una forma bastante considerable.

Pero es en los viajes de larga distancia donde el comer algo se vuelve prácticamente inevitable, ya que seguramente pasaremos al menos una o dos de nuestras comidas habituales estando arriba del avión, y donde los temores con respecto a la comida pueden llegar a estar muy bien fundados, pero que tampoco es una experiencia traumática y que con un poco de trabajo (y un poco de suerte) podremos asegurarnos que lo que comamos no sera tan malo.

Ordenando con anterioridad. Uno de los grandes problemas que genera, de alguna manera, esa baja calidad de la comida, es que la comida tiene que producirse de forma masiva, ya está muy refrigerada y excesivamente adicionada con saborizantes y conservadores artifiiales, tiene que hacerse para una gran cantidad de personas, por lo tanto tiene que ser, de cierta forma, simple, armada de acuerdo a una cierta lógica que permita con facilidad su traslado, servido y consumo; así también como respetar ciertos limites en los gastos y en el costo.

Ahora bien, ¿cuál es la mejor forma de evitar que nos afecte esto?

Bien, los viajeros frecuentes saben que se tienen varias opciones: la primera sería comprar comida en el aeropuerto, previo al abordaje; la segunda sería tomar los alimentos con debida anticipación antes del vuelo, o bien, se puede pedir a la aerolínea comida preparada especialmente. Porque hay ciertas circunstancias de algunas personas (religión o situaciones relacionadas con la salud, o hábitos alimenticios diferentes, por poner solo algunos ejemplos) que impiden que estos puedan consumir los mismos alimentos que consumen todas los demás viajeros durante el viaje.

Teniendo esto en cuenta, las aerolíneas permiten (dan la posibilidad incluida en su servicio, mejor dicho) que se pueda ordenar con anterioridad comidas especiales, menúes denominados “vegetarianos”, “kosher”, “sin lácteos” o “bajos en grasa”.

 Para poder beneficiarnos de esta opción, simplemente necesitamos hacerlo saber con anterioridad a la aerolínea, para que nos preparen uno de estos menús de forma especial y nos lo sirvan durante nuestro viaje.

O sea, tenemos que ordenarlo cuando compramos el pasaje, ya que la comida no es preparada en el momento, obviamente, sino que ya esta preparada y envasada de antemano, con lo que está contada y probablemente no podamos conseguir un menú especial a menos que haya uno para nosotros (en realidad, siempre hay alguno de más, pero ¿realmente queremos arriesgarnos a quedarnos sin uno y tener que comer el menú común?).

Se preguntarán cuál es el beneficio que se obtiene de tener esta comida especial. Después de todo, sigue siendo un menú de avión, ¿por qué debería ser mejor que el común, aun si sigue algunas indicaciones especiales, que tal vez ni siquiera necesitemos realmente? Bueno, como decía, uno de los grandes motivos por los que la comida de avión suele ser especialmente insípida, pobre en nutrientes y aburrida, es que es producida de forma masiva. Pero estas comidas especiales, por una cuestión lógica, no son producidas de forma tan masiva, sino que se hacen muchísimas menos que de las normales.

Esto permite que se las prepare de forma mucho más cuidadosa. Hasta se puede decir que son mucho más sabrosas. Además, también hay una cuestión de que por la importancia que puede tener para la salud de la persona o para alguna otra cuestión personal (después de todo, sí el viajero se esta molestando en encargar un menú específicamente es porque tiene mucha importancia para él) es importante que no pueda, por error, prepararse de forma incorrecta.

Y hay un pequeño beneficio extra que se obtiene al encargar una de estas comidas y que por si mismo puede ser suficiente para que queramos encargarla: las comidas especiales suelen servirse, por una cuestión de comodidad, con anticipación a los menú comunes.

Esto hace que, con casi total seguridad, con el pre-encargo terminaremos comiendo un poco antes que los demás, aun si estamos sentados en el lugar de más difícil acceso de todo el avión. No tendremos necesidad de esperar tanto tiempo y esto por sí mismo es un beneficio a no dejar de lado.

Otras opciones. Pero pedir la comida por adelantado no es, en estos días, la única opción que se nos presenta. Muchas aerolíneas no ofrecen ya servicio de catering en vuelos de corta distancia (o media, en algunos casos). Igual, decir que no lo ofrecen equivale a decir que no lo ofrecen incluido en el precio del pasaje, pero esto no quiere decir que no tengan ningún tipo de servicio de estos.

En realidad, suelen ofrecerlos, pero con la diferencia de que son vendidos. O sea, lo que queramos consumir lo tenemos que pagar aparte. Esto genera que los precios de los pasajes sean mas reducidos, y también que, por otro lado, no se tenga que producir de forma tan masiva la comida, con lo cual es posible que sea un poco mejor de lo habitual.

Igual, la calidad de la comida va a depender de la aerolínea con la que estemos viajando y, por otro lado, la oferta tampoco va a ser, no nos engañemos, tan amplia como si en vez de en un avión estuviésemos en un restaurante.

Otra de las opciones con las que se encuentran los viajeros es la de llevarse su propia comida, en su equipaje de mano, de manera que puedan consumirlo en vez de la comida que ofrecerán los y las sobrecargos durante el vuelo. Esta, hay que decirlo, es la opción mas cómoda de todas,  aunque probablemente parezca todo lo contrario.

Pero sí hay que tener en cuenta que ésta es la única forma de que nos aseguremos qué es exactamente lo que estamos consumiendo, y que sea de nuestro agrado. Además, es también la opción más económica que se nos presenta, ya que siempre va a ser más barato que comprar la comida en el avión.

La mayor parte de las personas llevan consigo algún tipo de equipaje de mano cuando viajan, así que tienen un lugar donde llevarse una pequeña vianda. Tengamos en cuenta esta posibilidad.

Algunos aeropuertos, en estos días, están ya ofreciendo otra forma más de escapar de la comida de avión. Los restaurantes hacen comidas para llevar, preparadas especialmente para poder llevarlas en el avión.

Igualmente, hay que tener en cuenta que la gran desventaja de estas preparaciones es que, por supuesto, en el avión no tenemos posibilidades de calentar lo que vayamos a consumir, así que tendremos que comerla fría y esto puede no ser una buena idea, especialmente con la comida de fast-food.

Origen de la comida. Una de las formas en que solemos pensar que podemos determinar cómo será la comida del avión es teniendo en cuenta cuál es la aerolínea en la que realizaremos el viaje. Pero, curiosamente, este no es, en general, el método más seguro. En realidad, en general la calidad de la comida de avión no esta directamente relacionada o determinada por la aerolínea que la sirve, sino que muchas veces la variante que deberíamos tener en cuenta es cual es el lugar de origen de la misma.

Igual, para hacerlo un poco más simple, pensemos en cuál es el origen del avión y de donde procede la aerolínea que estamos tomando.

Esto podemos tenerlo en cuenta, ya que dependiendo del lugar del que estemos partiendo puede ser que queramos a toda costa evitar determinados tipos de alimentos que no tendríamos problema en consumir si el país de origen fuese otro.

Por otro lado, lamentablemente, la comida que se puede encontrar en los vuelos de origen europeo y americano, suele estar por debajo de sus contrapartes de Asia, tanto en lo que respecta a la calidad de la comida propiamente dicha como a la presentación de la misma, la forma en que esta es servida y como es acompañada.

Esto también, en definitiva, nos genera mayor o menor placer a la hora del consumo de los alimentos y puede hacer que sea mejor o peor la experiencia culinaria.

Y no sólo es la cantidad de posibilidades ofrecidas, sino que también suelen ofrecer distintos tipos de comida: asiática, occidental, tradicional, y algunas más. Por supuesto, el número de opciones y posibilidades variará muchísimo entre las diferentes aerolíneas y dependiendo de en qué categoría estemos viajando. Puede ser que tengamos la suerte de recibir comida oriental, hasta incluso sushi o algo por el estilo. Mucho más atractivo, ¿no?

El punto final a comentar sobre estas aerolíneas es que suelen dar la comida de forma más regular y con mayor precisión en el horario. Esto es algo bueno o algo malo, dependiendo de la opinión de cada uno, de que pensemos de comer en el avión y de la calidad de la comida propiamente dicha.

Estos son tan solo algunos consejos y algunas ideas de cómo podemos salir bien parados de un encuentro con la comida de avión. Puede ser que ésta nunca nos haya generado ningún tipo de disconformidad, con lo cual tal vez ni nos molestemos en reclamar por el servicio dado. Pero, para la mayor parte de las personas poder lograr alguna mejora no es para dejar pasar.