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Las conspiraciones del 11-S son una serie de teorías sobre el origen y desarrollo de los atentados (que tuvieron lugar el 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Center, en El Pentágono y en una zona rural de Pensilvania) que discrepan de la versión oficial.

Aunque algunas teorías alternativas a la oficial proponen que fueron los agentes secretos de Israel o Pakistán los que estaban detrás de los ataques, las teorías que han conseguido mayor repercusión suelen estar basadas en una de estas dos ideas:

  • Que el Gobierno de Estados Unidos tenía conocimiento previo de los ataques y deliberadamente no hizo nada para prevenirlos. Este grupo de teorías, por tanto, admite la existencia de los secuestradores islámicos y no cuestiona la causa del derrumbe de las Torres Gemelas, pero acusa al gobierno de permitir deliberadamente que los terroristas realizaran los ataques. Ha recibido el nombre de LIHOP (“let it happen on purpose”, “dejar que ocurra a propósito”).

El Pentágono

Una de las teorías conspirativas más divulgadas es la de que no fue un avión sino un misil lo que se estrelló contra el Pentágono. Sus principales defensores son los que apoyan la versión del “trabajo interno”, quienes afirman que no hay suficientes pruebas que demuestren que se estrelló un avión en el Pentágono. No obstante, algunos partidarios del “trabajo interno” también la descartan tras valorar las evidencias y creen que la conspiración no incluye el uso de un misil.

He aquí algunos los argumentos que manejan los defensores de esta hipótesis:

  • El NORAD controla la defensa del espacio aéreo de Estados Unidos; este se divide en zonas geográficas, siendo el NEADS (North East Air Defense Sector) el responsable de la zona donde se produjeron los atentados. Es el órgano que coordina y recibe avisos de aeropuertos sobre secuestros de aeronaves, entre otras funciones. El NEADS fue el que envió los F-16 a Washington y a New York. Todas las conversaciones entre los diferentes aeropuertos y el NEADS están recogidos en el informe de la Comisión Nacional del 11-S. En casos de secuestro de aviones u otras emergencias aéreas de este tipo, el NORAD tiene unos protocolos de seguridad que consisten, entre otras cosas, en hacer despegar cazas lo más rápidamente posible para interceptar al avión y comprobar qué es lo que ocurre, como ha ocurrido en otras ocasiones. En el caso del vuelo 77 los aviones no llegaron a tiempo y hay dudas incluso sobre si despegaron antes o después de la colisión, un retraso que los partidarios de la hipótesis conspirativa consideran deliberado.
  • Segun teóricos de la conspiración, el vuelo 77 fue capaz de volar hacia el Pentágono durante 40 minutos y no fue interceptado a pesar de la sofisticada tecnología de radar, de las baterías antimisiles que rodean el Pentágono, y de la proximidad del edificio a la base aérea de Andrews. Realmente no existen estas baterías antimisiles (y si existieran, son secretas). El tema de proteger Washington con baterías antimisiles o Atlanta (Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996) fue tratado y rechazado por la posibilidad de derribar un avión por error. El aeropuerto Ronald Reagan se encuentra muy cerca del Péntagono, y los aviones lo sobrevuelan en muchas ocasiones. Un ejemplo de ello es el caso de una avioneta que fue identificada como sospechosa en 2002 cuando sobrevolaba Washington: no fue abatida por ninguna batería antimisiles a pesar de que se desalojó el Capitolio.
  • En el momento de los ataques, el ala oeste (que era el objetivo del ataque) del Pentágono estaba en reformas, y por lo tanto casi vacía. Concretamente estaba siendo reformada para aguantar daños mayores en caso de un ataque terrorista con bomba. Los partidarios de la teoría del trabajo interno argumentan que el gobierno escogió como objetivo esta zona del Pentágono para minimizar todo lo posible los daños, tanto personales como materiales.

  • También se afirma desde este sector que los daños producidos en la pared del Pentágono son demasiado pequeños para haber sido causados por un Boeing 757. Como apoyo a esta afirmación se suelen basar en fotografías incompletas y obstruidas por el humo o por el chorro de agua de las mangueras de los bomberos, pero en una vista más completa construida por Pier Paolo Murru, juntando fragmentos de varias tomas y uniéndolas tras una corrección de perspectiva, queda claro que la valoración del tamaño del agujero por parte de los teóricos de la conspiración (de unos 5×7 metros) está muy por debajo de su tamaño real. Además, dado que la superficie del avión es fundamentalmente aluminio, que es blando y ligero, no cabe esperar que el diámetro del orificio se correspondiese con exactitud necesariamente con el del fuselaje y las alas, algo que se sabe por otros accidentes aéreos, mientras que las partes más pesadas, que son las que mayor energía cinética portan (como los motores o el tren de aterrizaje, por ejemplo), son las que más facilidad tienen para romper los muros. En las fotografías puede observarse que el avión originó un agujero profundo (que llegó a perforar dos muros del edificio), mientras que en la zona de alrededor, donde no impactó, sólo se observan quemaduras y daños menores en la fachada. Algunos conspiracionistas afirman que esto es una evidencia de que esos destrozos no los pudo causar un avión, porque según ellos los motores de 6 toneladas cada uno no penetraron los muros como sí lo hizo la parte central del avión.
  • También se cuestiona el asunto de las cámaras de vigilancia del Pentágono: capturaron dos videos, de los que inicialmente se filtraron 5 fotogramas antes, durante y después del impacto, pero ninguno muestra exactamente lo que impacta contra el edificio. Sin embargo el avión, según cálculos realizados por National Transport Safety Board, tenía una velocidad aproximada de 850 km/h en el momento del impacto, por tanto es perfectamente posible que no se grabara al avión estrellándose; incluso si el avión hubiera ido a la mitad de velocidad, tampoco tendría por qué salir en la cámara de vigilancia. En la parte derecha de la grabación, antes de la primera explosión, puede verse la punta de un objeto sin identificar que no aparece en los demás fotogramas, y que parece muy pequeño para ser el morro del avión, algo explicable por la lente de la cámara tipo “ojo de pez” y la poca resolución de las imágenes.Los partidarios de la teoría conspirativa afirman que se trata de la punta de un misil y que eso fue lo que realmente chocó contra el edificio.
  • Se pidió al FBI información sobre el número de vídeos que poseía, y en cuántos se veía el impacto. La agente Jaqueline Maguire redactó un informe, que confirmó ante un juez, en el que detallaba que de los 85 vídeos disponibles, en la gran mayoría no se veía el impacto, o el Pentágono, o sólo había imágenes del post-impacto.  Este hecho hace dudar a los seguidores de las teorías de la conspiración. Las cámaras de vídeo de estos establecimientos vigilaban sus aparcamientos como se puede observar en los respectivos vídeos, por tanto el hecho de que se observara el avión era improbable tanto por la velocidad del avión, trayectoria, lejanía, etc.

  • El personal militar fue fotografiado quitando del lugar del impacto un objeto grande y ligero cubierto por una lona azul. Se cree que con esto se quería ocultar su contenido al público. Las autoridades dicen que el objeto trasladado era un tienda de campaña, y no una prueba para ocultar al público.
  • Según los defensores de la teoría de la conspiración, no se observan ni restos de equipajes ni cadáveres ni trozos de cadáveres y muy pocos restos del avión. Esta información, sin embargo, es imprecisa, ya que sí hay fotografías de restos humanos carbonizados y del avión.
  • De acuerdo con la versión oficial, se identificaron casi todos los pasajeros del vuelo 77 mediante pruebas de ADN. Dado que el ADN nuclear no resiste temperaturas muy altas y es destruido por las bacterias contaminantes en poco tiempo, hubo que recurrir a extraer de los restos óseos el ADN mitocondrial, técnica que tiene cierta posibilidad de éxito incluso con restos procedentes de un crematorio. Algunos detractores de la versión oficial afirman que las sustancias orgánicas en general no resisten temperaturas demasiado altas porque arden o se carbonizan, por lo que dudan de la veracidad de las identificaciones, no indicando sin embargo a qué temperatura se destruye ni cuánta tuvieron que resistir los restos óseos.

Las Torres Gemelas

Uno de los argumentos más alegados a favor de la teoría de la conspiración ha sido el de que las torres gemelas no se derrumbaron a causa del choque de los aviones, ni por los subsiguientes incendios, sino que se habrían detonado unas cargas que habrían producido el colapso de los edificios, que sería una demolición controlada.

Para dicha demolición controlada se habría usado termita, una mezcla de óxido férrico y aluminio que corta por fusión las columnas de acero, y explosivos, que se ponen en todos o casi todos los pisos.

Los contrarios a esta hipótesis dicen que casi ninguno de los argumentos soporta un análisis a fondo. Incluso hay, como sucede con el Pentágono, una corriente entre los partidarios de la teoría de la conspiración desde la que se rebaten algunos argumentos al uso sobre la demolición y se advierte de que hay que centrarse en otros puntos.

Estos son los aspectos que se arguyen como indicios de que existió tal conspiración:

  • En una publicación científica de febrero de 2009 se afirma haber encontrado en el polvo de los restos de las Torres Gemelas, evidencia de la presencia de un material denominado super-termita, aunque el artículo ha causado controversia debido a que es una editorial de tipo «pagar para publicar», se ha usado como medio para publicar teorías que no son generalmente aceptadas por la comunidad científica y la editora jefe dimitió por no haber sido informada de la publicación del artículo.
  • Steven Jones, uno de los firmantes de la publicación anterior, sostiene que los informes del NIST reconocen que ninguno de los modelos físicos usados para simular el incendio, resultó en derrumbamiento o colapso, que no había evidencia física de altas temperaturas del incendio suficientes para dañar las estructuras de los edificios hasta hacerlas colapsar. También afirma que solamente los modelos computarizados usados por el NIST sirven de base para la teoría oficial y considera que los datos para tales simulaciones fueron manipulados de tal manera que se ajustaran al resultado deseado en lugar de ajustarse a las evidencias y hechos.
  • El gobierno dijo que se había recuperado sin ningún daño el pasaporte del presunto secuestrador Satam al Suqami antes del derrumbamiento de la Torre Norte. Los defensores de las teorías conspirativas sostienen que es prácticamente imposible que el pasaporte sobreviva al choque del avión y al fuego que se produjo con dicho choque, aunque precisamente los objetos pequeños y ligeros son los más propensos a salir despedidos por la onda expansiva antes de que el fuego los dañe.

  • Nunca antes del 11-S se había caído ningún rascacielos de acero debido al fuego, ni tampoco después. Sin embargo, nunca antes ningún rascacielos había sido sometido a un fuego tan intenso conjuntamente a una tensión extrema por impacto [cita requerida]. Además el núcleo del WTC era de acero, más sensible al calor, y no de hormigón como el de la Torre Windsor, por ejemplo, mucho más resistente al fuego, y en la que precisamente la parte que se sostenía con una estructura íntegramente de acero colapsó por completo, dejando el núcleo al descubierto como se aprecia en muchas fotografías. En otros casos de incendios en edificios con núcleo de acero, el colapso estructural también ha sido motivo de preocupación de los bomberos,aun cuando éste no se ha llegado a producir, y sí se conocen muchos casos de colapso de estructuras de acero, aunque ninguna corresponde a un edificio con las características de las Torres Gemelas.
  • El Lobby (la planta baja) y los sótanos estaban totalmente destrozados antes de que se derrumbaran las torres.
  • Los escombros de las torres continuaron consumiéndose durante meses después de su derrumbamiento y la mayor parte del hormigón fue pulverizado.

Teorías menos comunes

La teoría oficial afirma que el antiguo dictador iraquí Saddam Hussein conspiró en los ataques del 11-S. Era una de las principales justificaciones para intervenir en Iraq. Algunos de los que defienden esta teoría recuerdan otra teoría sobre la bomba de Oklahoma City, según la cual agentes de inteligencia iraquíes estuvieron implicados, tal y como relató el periodista investigador Jana Davis en su libro “El tercer terrorista”.

11-S Conspiración contra China, es otra teoría esbozada por Miguel Pedrero en su libro “Corrupción, Las cloacas del Poder“, donde plantea que el 11-S y la posterior guerra de Estados Unidos contra Afganistán se origina por la competencia entre Estados Unidos y China para obtener la construcción de oleoductos desde la zona ocupada por antiguos territorios soviéticos, convertidos hoy en repúblicas independientes —Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kazajistán, Kirguistán—, hasta sus territorios (salida al mar por Pakistán en el caso de Estados Unidos), lo cual era de paso obligado por el territorio de Afganistán. En estas repúblicas independientes se descubrieron enormes reservas de petróleo y gas a mediados de los años 90.

La hipótesis del choque del misil en el Pentágono no es compartida por otros partidarios de la conspiración, quienes la rechazan diciendo que la evidencia de los testigos presenciales es abrumadora, que todas las pruebas aportadas por quienes la defienden pueden ser reconciliadas con que fuera el vuelo 77 el que se estrelló y que puede tratarse de una cortina de humo para quitar credibilidad a la “verdadera” conspiración,ya que el propio secretario de defensa estadounidense Donald Rumsfeld fue de los primeros en mencionar un misil como lo que impactó en el Pentágono.

La comisión investigadora presidencial

La investigación de los hechos fue llevada a cabo por el FBI, en una investigación denominada PENTTBOM [7], que se añadió a la investigación que se llevaba a cabo sobre Zacarías Moussaoui, detenido en agosto de 2001, y finalmente condenado en mayo de 2006 por conspiración terrorista. Esta versión de los hechos fue posteriormente recogida en el informe de la Comisión del 11-S con el objetivo de detectar los agujeros de seguridad y mejorarla ante ataques terroristas.

Existe gran insatisfacción respecto a estas investigaciones. Numerosos grupos “por la verdad” rechazan esta versión oficial, y reclaman una investigación imparcial. El profesor David Ray Griffin, autor de una obra de referencia en la que estudia el informe de dicha comisión, encontró en ese texto 115 presuntos errores lógicos u omisiones que califica como mentiras.

Llamadas desde los Aviones

Durante el tiempo que los aviones estuvieron volando bajo el secuestro de los terroristas, algunos pasajeros y miembros de la tripulación realizaron llamadas a familiares y otras personas. Según el informe de la Comisión, dichas llamadas fueron realizadas tanto desde teléfonos instalados en los aviones, que están preparados para una comunicación sin problemas a la altura de crucero, como desde móviles, que no lo están, pero no se especificaba cuántas había de cada clase; en muchos casos la prensa asumió que el número de llamadas desde móvil era significativamente elevado. Muchos cuestionaron que esas llamadas desde móviles pudieran haberse realizado con éxito volando a la altura y velocidad a las que vuela un avión comercial, entre ellos el matemático A. K. Dewdney, de Physics911. Estimó que a la altura normal de crucero de un avión comercial las posibilidades de realizar una comunicación con éxito desde un móvil era de un 0,6%, es decir, casi imposible. También cuestionaron los que apoyan las teorías alternativas la veracidad de las conversaciones.  La peculiaridad de las conversaciones, junto con la supuesta imposibilidad de que se realizaran desde un avión que vuela a gran altura, llevaron a algunos de los detractores de la teoría oficial a afirmar que dichas conversaciones fueron falsificadas, que las voces fueron imitadas usando una tecnología real y existente en aquel momento y que las llamadas sólo eran una prueba falsa para ocultar que el secuestro de aviones y pasajeros pudo no suceder nunca.

En 2006, sin embargo, durante el juicio contra Zacarías Moussaoui, el equipo antiterrorista del FBI testificó que sólo dos llamadas, las realizadas por Edward Felt y Cee Cee Lyles, fueron las únicas que tenían constancia de que fueron realizadas desde los aviones mediante móviles. Ambas se realizaron desde el vuelo 93 y comenzaron a las 09:58, hora a la que, según los datos recogidos en la grabadora de datos de vuelo del avión, éste se encontraba a una altura de entre 5000 y 6000 pies sobre el nivel del mar, aunque sobrevolaba una zona montañosa. Además, se trataba de una zona rural, en la que el alcance de las antenas de telefonía móvil puede llegar a 15 km, mucho mayor que el reducido radio de antenas usado en las ciudades, que puede llegar a ser inferior a 100 m. Estas circunstancias hacen pensar a los detractores de las teorías alternativas que ambas llamadas pudieron ser realizadas sin problemas.

Otros hechos Polémicos

  • Existió un movimiento bursátil previo a los atentados cuyas raíces conducen a la plana mayor de la CIA.
  • Más de 9 servicios de inteligencia extranjeros (Gran Bretaña, Francia o Egipto, por ejemplo) habían advertido de un atentado inminente en Estados Unidos usando aviones. Además, grandes personalidades de los servicios secretos de todo el mundo han dicho que es imposible que los atentados del 11 de septiembre fueran ejecutados sin la ayuda de un servicio de inteligencia fuerte.
  • El 11 de enero de 2008, los telespectadores japoneses pudieron ver en directo una audiencia senatorial en la que el presidente de una comisión parlamentaria interrogó severamente al Primer Ministro y a los ministros de Relaciones Exteriores, de Finanzas y de Defensa cuestionando la versión oficial debido a que algunos ciudadanos japoneses murieron en los atentados del 11-S. Sin embargo, esta intervención ha sido muy poco comentada en los medios de información.
  • Las teorías alternativas aducen que los pilotos suicidas eran inexpertos y no hubiesen podido pilotar los aviones hacia sus objetivos. Hosni Mubarak, presidente de Egipto, afirmó que, a pesar de ser general de la Fuerza Aérea y de tener miles de horas de vuelo, sería incapaz de dirigir un Boeing con la precisión necesaria para impactarlo contra una de las Torres Gemelas. Muchos detractores de la versión oficial afirman que hay muchos pilotos expertos que no se ven capaces de realizar dichas maniobras, deduciendo de ello que es improbable que pilotos poco experimentados las llevaran a cabo. Esta versión es desmentida por el piloto e instructor de vuelo Giulio Bernacchia, quien explica cómo y por qué pudieron los terroristas pilotar los aviones.
  • Algunos de los supuestos pilotos suicidas, de quienes se ha dicho que eran fanáticos religiosos obsesionados con el islam no seguían a rajatabla las normas del islam. Es el caso de Mohammed Atta, quien tenía una relación con una mujer que trabajaba en clubs de strip-tease, bebía alcohol, consumía carne de cerdo (ambas cosas prohibidas por el islam) y fue calificado por algunos como “un juerguista”.Los partidarios de las teorías alternativas ven esto como una incoherencia con el hecho de que los terroristas fueran musulmanes fanáticos. La explicación dada a este hecho por quienes se oponen a dichas teorías es que Atta pertenecía a una secta llamada Takfir wal-Hijra, que permite a sus miembros muchas licencias con el objetivo de mezclarse con la población.

Terminaré precisando que concluyo diciendo que finalmente, el Informe de la Comisión Investigadora sobre el 11 de septiembre, lejos de disipar mis dudas en cuanto a una complicidad oficial por parte del gobierno estadounidense, no hizo más que confirmarlas. ¿Qué podría llevar a los responsables encargados de la redacción del informe final a montar un circo de tanta envergadura si no el intento de enmascarar enormes crímenes contra la humanidad?