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En México, como en otros países, la corrupción es un grave flagelo que aqueja hasta los más impensables niveles de la industria aérea. En éste sentido, la corrupción empaña la seriedad de los centros de formación y las empresas de fletamento de aeronaves que reclutan a pseudo profesionales del sector sin mesurar las consecuencias.

¿Se puede ser víctima mortal de la corrupción? La respuesta es indiscutible. Y como súmmum ejemplo tenemos el Learjet 45 que se desplomó sobre la Ciudad de México el 4 de Noviembre de 2008, donde murieron Juan Camilo Mouriño (Secretario de Gobernación durante la administración del entonces Presidente de México Felipe Calderón) y otras 15 personas más. Angustiosamente, éste accidente, como muchos otros que conocemos en la historia de la aviación moderna, pudo haberse evitado.

El 4 de Noviembre de 2008, un Learjet 45, con matrícula XC-VMC, fue arrendado por el Gobierno Federal para transportar a un grupo de funcionarios que provenían del Aeropuerto Ponciano Arriaga en San Luis Potosí con destino al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Entre los pasajeros, viaja José Luis Santiago Vasconscelos, el entonces Secretario Técnico para la implementación de las recientes reformas en materia de justicia penal y de seguridad, y Juan Camilo Mouriño Terrazo, el Secretario de Gobernación, amigo personal y mano derecha de Felipe Calderón.

En su aproximación sobre la Ciudad de México, alrededor de las 18:45 (hora pico tanto para el tránsito aéreo como de vehículos y de personas cientos de pies debajo del Learjet) el aparato reduce su velocidad ya que delante del corredor final de aterrizaje tiene un Boeing 767 de la extinta Mexicana de Aviación.

No obstante su reducción de velocidad, la aeronave ejecutiva vuelve a acelerar y se acerca muy rápido y peligrosamente al Boeing 767. Momentos después, aún en la aproximación final, inexplicablemente el Learjet vira en sentido opuesto al Aeropuerto de la Ciudad de México y se desploma vertiginosamente hacia los edificios por debajo.

En la cabina de mando, los pilotos Julio César Dávalos y el primer oficial Álvaro Sánchez se desconciertan por la actitud del avión y tratan de recuperar el control del mismo. Después, la alarma GPWS suena y el Learjet colisiona en una de las zonas con mayor aglomeración urbana de la Ciudad de México: Lomas de Chapultepec.

La aeronave cae del cielo sobre Avenida Paseo de la Reforma y Periférico, justo en el núcleo financiero de la Ciudad, incendiando y arrasando a su paso automóviles, árboles, postes de alumbrado y transeúntes que tuvieron el infortunio de estar en ése momento en la trayectoria de impacto del Learjet.

Las 9 personas a bordo del Learjet y otras 7 en tierra fallecieron, otros 40 más resultaron heridos gravemente.

Una gran cantidad de medios de comunicación y servicios de emergencia se congregaron en la zona con interés de saber las causas de tan aparatoso accidente. En las noticias, empieza a sonar el nombre de Juan Camilo Mouriño como una de las probables víctimas de la colisión. Poco después se confirmaría.

¿Puede un vórtice de estela de una aeronave provocar el derribo de otra aeronave detrás? En apariencia puede ser, pero no es la única causa.

Personal de la National Transportation Safety Board, SENEAM, Aeronáutica Civil, y autoridades federales y capitalinas se agrupan para la investigación de las causas del accidente.

La primera sospecha fue el hecho de que el Learjet volaba peligrosamente cerca del Boeing 767 de Mexicana y se señaló el vórtice de estela como la única causa de la caída del Learjet. No obstante, se descubrió después que las causas serían mucho más turbias.

Al encontrar y analizar la FDR (Flight Data Recorder) se descubrió que ésta había dejado de funcionar dos años antes, en 2006, y la empresa responsable de su operación tenía conocimiento pleno del hecho, aun sabiendo que toda FDR debe estar en óptimas condiciones en toda aeronave.

Lo único que quedaba, era analizar la CVR (Cockpit Voice Recorder), que fue encontrada días después entre los restos carbonizados de la aeronave y los automóviles sobre avenida Paseo de la Reforma.

En la CVR, una muy coloquial y nada técnica conversación entre los pilotos, llevaron a los expertos a asegurarse que la formación técnica de los tripulantes fuera la apropiada para saber cómo reaccionar ante situaciones de emergencia como la que se había presentado ésa noche.

Si bien el Learjet tenía una separación de menos de 3 millas náuticas con su tráfico al frente, se descartó la turbulencia que dejaba a su paso el Boeing 767, se descartó una bomba a bordo, se descartó el mal funcionamiento de las superficies primarias de control, se descartó falla de los motores, se descartaron condiciones del clima adversas. ¿Qué fue lo que provocó entonces el desplome del avión?

Inverosímil, pero se descubrió que las horas de vuelo y los conocimientos técnicos de los pilotos Sánchez y Dávalos no son más que un atisbo de una preparación y formación apropiada de todo piloto en cualquier aerolínea sensata.

Entre ambos pilotos, las horas de vuelo en la aeronave Learjet suman apenas de 90 horas y nunca habían volado solos, sino con instructores.

¿Cómo pudo el Gobierno Federal ser negligente y contratar los servicios de una empresa cuyos permisos son falaces y con pilotos aún principiantes?

Parecería ingenuo pensar que cualquier persona en sus cabales pondría su vida en las inexpertas manos de unos practicantes; sin embargo, así fue. El Centro Aeronáutico de México, el Centro de Adiestramiento y Asesoramiento Aeronáutico y el taller Centro de Servicios de Aviación Ejecutiva fueron sancionados por certificar a los pilotos sin los formularios, firmas, horas de vuelo y certificaciones que acreditaran el adiestramiento fiable de ambos tripulantes.

Posterior a la investigación, se emite el informe oficial, donde se subraya el grave desacierto del Gobierno en contratar los servicios de Aviación Ejecutiva S.A. de C.V, toda vez que se no se exigieron los correspondientes y mínimos antecedentes de experiencia a los tripulantes que operarían un vuelo con pasajeros tan notables.

Sin importar si son pasajeros distinguidos del Gobierno, o público en general, la aviación será más segura sólo si se dejan de lado las prácticas fraudulentas que no sólo toman vidas ajenas, sino la reputación de una industria que debería volverse cada vez más confiable.